lunes, 20 de febrero de 2012

Aroma

Y entonces, abrazada, pegada a tu pecho, mientras miramos esa película. Pero a mí que me importa la película, sólo me gustan los vestidos y los labios rojos de la protagonista, que encima se la pasa media en pelotas todo el tiempo, así que muy pocos momentos donde me llame la atención. Más me llamaban la atención tus caricias en la espalda. La forma en que tus dedos, distraídos, juegan con el elástico de mi ropa interior. Y el calor de nuestros cuerpos, fundidos bajo la sábana, me invita a la somnolencia.
Y no cabeceo, porque tu brazo me hace de almohada, pero si se me cierran los ojos, y dan paso a otra película, la película que proyecta tu aroma, directo sobre mi cerebro... nada de pasar por engorrosas retinas. Porque ahí, detrás de los párpados, me llegan todas las caricias que me diste, envueltas en el aroma de tu piel.

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